¿Y a mí de qué me sirve?

Daniel Ramón Calvo, autor de este artículo, finalizó sus estudios de Bachiller en el Colegio Helios en el curso 2006-2007. Eligió la optativa de alemán de 1º E.S.O. a 1º Bachiller y participó en el 2º y 3er Intercambio.
Actualmente estudia Administración y Dirección de Empresas, en un programa internacional que le permitirá realizar los dos próximos cursos en Bremen (Alemania).

Y a mí de qué me sirve? Esa es la pregunta que muchos estudiantes se hacen cuando se les presenta la oportunidad de aprender un nuevo idioma o seguir mejorando aquel o aquellos que está estudiando. Aparentemente puede parecer que esa pregunta tenga cierto sentido, pues en el día a día, en casa, en el colegio, en la calle, hacemos uso de nuestro idioma materno, sin tener que recurrir a otro idioma. Sin embargo, podemos también encontrarnos con situaciones en las que el conocimiento de otro idioma sea esencial. ¿Qué ocurriría si viajamos a otro país dónde no hablan nuestro idioma?, o ¿cómo reaccionaríamos si viene un turista a preguntarnos por cierta información y desconoce nuestro idioma materno? Si nos planteamos toda esa serie de cuestiones, podríamos empezar a plantearnos el aprendizaje de un idioma. Además de poder “salvarnos” de pequeños imprevistos, si indagamos un poco más, podemos darnos cuenta de que, efectivamente, el conocimiento de otro idioma te abre las puertas a aprender nuevas culturas, a conocer nueva gente, a abrirte nuevas posibilidades de cara a un futuro y cómo esas, cientos de oportunidades que no se deben dejar pasar. Eso es exactamente lo que me ha ocurrido a mí con el aprendizaje del alemán.

Empecé a estudiar alemán hace seis años, en 1º ESO, y mi primera reacción fue exactamente la que se cita al principio del texto: ¿Y a mí de qué me sirve? Ahora me provoca cierta risa al recordarlo, pero poco a poco fui siendo consciente de que el alemán me aportaría buenas experiencias gracias a su conocimiento. La primera de ellas tardó dos años en llegar, cuando asistí a mi primer intercambio con el Max Planck Gymnasium en Göttingen. Llevábamos dos años y medio con Carmen empapándonos de gramática, fonética, sintaxis, cultura alemana…, pero todo eso, juntándose a ello el nerviosismo del viaje, se nos olvidó con nuestro primer contacto con las familias alemanas. Ninguno de nosotros habíamos vivido una experiencia como esa, y los nervios nos devoraban. Sin embargo, y muy lejos de los nervios del primer contacto, con el paso de los días fuimos acomodándonos, relajándonos, disfrutando de esa maravillosa experiencia y sobre todo dándonos cuenta de la importancia del idioma, la que tanto se nos había inculcado durante esos dos años y medio.

            A partir de esa inolvidable experiencia, el alemán me gustaba más y más. Además de las clases que recibía en el colegio, mantenía el contacto con mis compañeros de intercambio, veía algo de televisión en alemán intentando comprender lo que fuese, trataba de leer algo en alemán, y todo ello me permitía poder ir aprendiendo poco a poco pero de una forma muy eficaz, para de esa manera poder afrontar con la misma ilusión el siguiente intercambio. Ahora éramos un poco más mayores, sabíamos algo más de alemán, y contábamos con la ventaja de que ya conocíamos la situación a la que nos íbamos a afrontar. Nuestro segundo intercambió salió como esperábamos: inolvidable de nuevo.

           A raíz de todo lo que el aprendizaje del idioma me había aportado hasta que acabé mi etapa escolar, me di cuenta al cien por cien de que había escogido una opción inmejorable. El idioma no sólo me había aportado el conocimiento del mismo, sino una serie de experiencias y valores que probablemente no podría haber disfrutado ni adoptado si no hubiese seguido ese camino; camino que para mí todavía no ha terminado, pues el año que viene me mudaré a tierras alemanas, concretamente a Bremen, donde, y gracias a no haber respondido negativamente a la pregunta ¿y a mí de qué me sirve?, continuaré mis estudios.

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Publicado el noviembre 17, 2008 en ENTRADAS ALUMNOS. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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