Mi segunda visita a L’Eliana

Uno de los aspectos más interesantes de los intercambios escolares son los vínculos que se crean entre los participantes. Años después de cada intercambio, observamos como permanecen algunas relaciones y los alumnos pueden seguir disfrutando de las enormes ventajas de tener un amigo en otro país.

Gracias a la cariñosa acogida de la familia de Andrea Moreno y de las facilidades que siempre ofrece el Colegio Helios en estas situaciones, Steffi Rein, participante en el intercambio 2006/2007 ha podido pasar los 14 días de sus vacaciones de otoño, viviendo en la casa de su amiga española y asistiendo durante toda la jornada escolar al Colegio.

Hace dos años participé en el intercambio entre el Colegio Helios y el Max-Planck-Gymnasium en Göttingen. Entonces pasé dos semanas llenas de alegría en L’Eliana y cuando tuve que regresar a Alemania dije que vendría otra vez.
Ahora he vuelto para pasar otras dos semanas con mi familia anfitriona.
Para mí, volver quiere decir escuchar muchas voces que todos hablan rápidamente y al mismo tiempo, volver quiere decir ver palmeras cuando dejo la casa y quiere decir sentir el sol en la piel. ¡A finales de octubre!
Pero lo más importante es volver a ver a todos los amigos del intercambio.
Durante la primera visita aquí conocí a mucha gente muy amable, una cuidad hermosa y viva, así como la cocina española que me parece tan deliciosa.
También gané una impresión de la importancia que tienen las Fallas aquí.
Ahora, como he venido sola, tengo más oportunidades de hablar español sin la distracción de otros alemanes. Muchas veces me he asombrado de comprender tanto.
Me gusta que en estas semanas tenga la posibilidad de ver como funciona un colegio español.
Levantase a las ocho y media y una hora y media de recreo al mediodía… un sueño. Pero también veo cuanto tienen que estudiar los alumnos. Y veo las clases. Primero en historia lo entendí todo, pero cuando empezó a hablar el siguiente profesor me pregunté qué había pasado. Pasado conmigo, con el idioma o con el mundo, porque no reconocía ni una palabra.
Quizás mi cara expresaba esto, pues me explicaron que eso era la clase de valenciano.
Después de diez minutos ya me había acostumbrado un poco a este idioma y una hora más tarde sabía por lo menos sobre que habían hablado y conocía unas palabras en valenciano.
Me gusta el colegio por su pequeñez. También porque todos, desde los niños hasta los alumnos del 2º de bachillerato aprenden juntos en un edificio. Los profesores conocen bien a sus alumnos y éstos los tutean. En mi colegio: impensable.
Ahora voy a disfrutar de unas días más aquí y ya digo otra vez: Algún día volveré y quizás me quede un año o dos en esta ciudad tan bonita, para conocer más profundamente todos sus lados.

Steffi Rein

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Publicado el octubre 23, 2008 en INTERCAMBIO y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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